Muchas mujeres piensan que la oración solo "cuenta" si sienten algo: paz, emoción, una presencia clara. Si no sienten nada, asumen que lo están haciendo mal, o que Dios no está ahí. Esto no pasa porque tengan poca fe: pasa porque nadie les explicó que la conexión con Dios no empieza con un sentimiento, empieza con una decisión.
La sensación de paz suele llegar después, no antes. Mientras tanto, muchas dejan de orar porque "no sienten nada", y esa pausa se convierte en semanas, y las semanas en meses de silencio que ellas mismas no sabían cómo romper.